Quién como una madre

Quién como una madre


Ser madre es generalmente una decisión de la mayoría de las mujeres, aunque hay que hacer la salvedad de que no siempre es así por diversas circunstancias.


En nuestras sociedades suele asociarse la maternidad con la realización personal de las mujeres, y aunque es un “título” que la mayoría de las féminas llevan con orgullo, no surge de una escuela ni de ninguna institución educativa o profesional, sino que es un aprendizaje constante, permanente, que posiblemente se termina cuando se “gradúan” de abuelas.


Esa función de dadoras de vida, esa capacidad de gestar durante nueve meses un cuerpo que verá la luz, que crecerá hasta convertirse en una persona, es lo que otorga a las mujeres una distinción especial en el mundo y las convierte en depositarias de la conservación de la especie humana.


Una madre es siempre un símbolo de sacrificio y desprendimiento, de amor desmedido y renunciamientos, de solidaridad y altruismo y de un montón de otras virtudes que les son intrínsecas, por el solo hecho de ser mujeres.


Esa compleja estructura de existencia que son los seres humanos, la evolución de las sociedades y el ritmo de los tiempos, nunca llegan a modificar totalmente las características esenciales que distinguen a una madre, una mujer que engendra, que educa, que forma, que endereza, pero por sobre todas las cosas, ama.


En el principio, su existencia es una mirada atenta que acaricia y una voz que entreteje canciones de cuna. Después, mano que señala el rumbo, una firmeza que apuntala y enseña.


Es la caricia de un cuento que prepara el sueño en las noches de infancia, la magia que entremezcla sabores y aromas, texturas y delicias en la mesa de los días de fiesta; es un insomnio que espera el regreso de las primeras salidas juveniles.


Es la alegría que aguarda en domingo la visita de los nietos y, cuando el tiempo encanece sus cabellos, es la memoria que eterniza los momentos felices en cada evocación, viajera del tiempo, habitante de un eterno paisaje de ternura, sembradora de amor, de paz y de perdón.


- elcaribe
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