PUERTO PRÍNCIPE — La inminencia de la Semana Santa cristiana, con sus características liturgias, revive la costumbre de abandonarse al Gagá, uno de los bailes más emblemáticos de Haití, y que contagió a la vecina República Dominicana.


Con fuertes raíces en el vudú, se le llama Gagá lo mismo al baile en cuestión que al colectivo que lo ejecuta, y que toma las calles moviéndose con místico frenesí al ritmo del palo, del alcahuete, del pito, del bambú y de las voces cantoras.


A las órdenes de un "dueño", el grupo emerge en la Cuaresma (tiempo previo a la Pascua), en una suerte de llamado a los espíritus buenos para mantener el orden ante la acechanza del Diablo pues, según el imaginario cristiano, Jesús ha muerto y el mundo es más vulnerable…


Ataviados con pañuelos multicolores, los practicantes del Gagá asumen su misión divina con ritmo y fervor, y se les conoce como mayó, una cofradía que se estremece a golpe de bambú, maraca y tambor, como poseídos por algo sobrenatural.


De hecho, cuentan los iniciados que al repique sienten que un ser toma control de sus cuerpos y sus almas, sin dejarles otra opción que dejarse llevar, con quiebres y pasos que no les saldrían si, en otras circunstancias, quisieran repetirlos.


Adentrándose en el misterio

Originalmente conocido como Rará, el Gagá tiene raíces africanas, y comenzó a expandirse por la otrora isla de La Española con la mano de obra esclava que vivía en los bateyes de los ingenios azucareros, sobre todo en la actual República Dominicana.


Integran esta peculiar comparsa mayores, reinas, músicos, presidente, padrinos y bailadores, así como personajes del folclore haitiano que mantienen su "vigilancia" hasta el Domingo de Resurrección, cuando el Nazareno vuelve a la vida, y el Demonio se llama al buen vivir.


Los preparativos comienzan el Jueves Santo, con el levantamiento de la silla, un ritual que consiste en ratificar alrededor de un palo ceremonial los juramentos hechos por los participantes, que se comprometen con el Gagá por periodos de tres a siete años, aunque muchos renuevan.


Al filo de la medianoche se hace el bautizo de los ropajes e instrumentos que serán empleados en el recorrido del Gagá por los puntos previamente establecidos, en una procesión llena de ritmo y cánticos, Biblia en mano y rezando el Padrenuestro o el Avemaría.


Los estudiosos y defensores de esta manifestación hacen hincapié en este aspecto, pues ciertos grupos ultraconservadores miran con recelo el vínculo con el vudú, que muchos rechazan por considerarlo "brujerías" o "prácticas satánicas", sin admitir su fuerte impronta cultural.


Algo de druida hay, empero, en los preparativos, que incluyen baños espirituales de resguardo a base de hierbas del monte y agua bendita. Otras aguas, más ardientes, contribuyen luego a que los bailadores caigan en trance, y se lancen a caminar sobre fuego o a jugar con machetes.


Aquel Rará primigenio saltó de Haití a República Dominicana, pero ha cruzado otras fronteras, y hasta en Estados Unidos hay grupos que mantienen viva esa tradición, ya sea por compromiso religioso, como por la nostalgia de la tierra natal y sus gentes.


Fuente: Sputnik