OPINIÓN: "Llagas de una libertad herida"

el mal
Libertad



Por Cristal Pérez Tapia

Milton y la sociedad

Con John Milton se crea una ruptura de la típica imagen primitiva que se tenía de Satanás y se empieza cuestionar su postura. En el poema “El paraíso perdido”, Milton cambia radicalmente el concepto que se tenía de Lucifer y lo reviste con su naturaleza divina olvidada, mostrando qué desencadenó la rebelión de este ser y sus consecuencias. No obstante, una de las cuestiones que sale a flote es el motivo que tuvo Milton para trascender su apostasía al punto de heroificar al mal. Este escritor pertenece al momento histórico renacentista, época en la que se suscitaba una guerra civil en Inglaterra y se consigue apartar el poder político de la iglesia. Tales acontecimientos dieron a luz a las primeras dudas existencialistas. Entre ellas, ¿por qué Dios siendo bueno permite el mal sin ánimos de evitarlo? El autor da respuesta mediante una introspección psicológica de los personajes y de esta manera, Satanás es prendado de una justificación implícita por representar los impulsos humanos. El poema no solo rechaza el concepto abstracto del mal también lo humaniza y lo une a las ideas antropocéntricas del renacimiento en su intención de ponderar el sentimiento de libertad avasallado en aquel entonces. 

El mismo sentimiento de rebelión que tuvo Milton como defensor político de las ideas republicanas y precursor del liberalismo, se personifica en Lucifer cuando externa su resignación hacia la subordinación divina (“Rompamos pues, rompamos las cadenas de esta prisión horrible, tan ajenas de nuestro noble ser”-Pág. 103). Así como Milton obtuvo una crianza cristiana, Lucifer también provino del seno divino y de esta forma se enarbola como la libertad herida que mira con nostalgia su hogar, pero sin remordimiento alguno de situarle (“¡Adiós, morada celestiales! Mansiones deleitosas del gozo, a donde nunca volveremos. ¡Por siempre adiós! ¡Salud, oh temerosas regiones por las sombras habitadas! ¡Salve principalmente, oh tú, hondo infierno!”-Pág. 78). Sin embargo, la intención de Satanás, vista inicialmente como una actitud heroica por el deseo de apartarse y tener su propio reino, se ve manchada por el proyecto de venganza que promueve, no sólo procurando su propia libertad, sino la de otros principados (“¡Alzaos pues, armaos con presteza, o doblad al vil yugo la cabeza!”-Pág. 82). Es entonces donde la idea romántica de una libertad truncada se tuerce a la infamia, pues Satanás enternece su dolor y contextualmente se esclarece el rencor que aguardó Milton desde la disciplina represiva en su niñez hasta las vivencias de un gobierno corrupto.

“El paraíso perdido” moraliza el mal en su intento de crear un cuadro compasivo de las herejías, proponiendo a Satanás como un espejo de la naturaleza humana. Desafortunadamente, el mensaje expreso en el poema trasciende la consigna de libertad y da producto a su híbrido, el libre albedrío, poniendo en duda la necesidad humana de contraponerse al bien, pero igualmente cuestionando la actitud esclavista y sumisa que envuelve al ser humano en la timidez de realzar su autonomía.




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