¿Hablamos mal?

conversación
Comunicación



Por Cristal Pérez Tapia

La comunicación es una herramienta, y esto es así porque se pone a disposición de los seres vivos para canalizar informaciones que son recibidas, procesadas y replicadas. Aunque tiempo atrás no existía una comunicación sistemática, es decir, estudios que propiciaran la evaluación de las lenguas y los procesos comunicativos, ya existían formas de comunicación. Esto se debe a la naturaleza social del ser humano y su necesidad de subsistir, cosa que ha instado el uso de mecanismos para transmitir y recibir información, no sólo en materia de medios o canales, sino en las expresiones empleadas en el mensaje.

Al juzgar cómo habla una persona hay que evaluar el proceso de adquisición de la lengua. Para aprender y desarrollar una lengua las personas realizan el mismo recorrido situacional que realiza la historia. El bebéen sus primeros años empieza a balbucear sonidos vocálicos, tal como lo hacía el hombre primitivo sin una lengua prescrita. Luego, para desarrollarse el área de la escritura, traza líneas y figuras que carecen de legibilidad gráfica. Sin embargo, en la etapa preoperacional comprendida de 2 a 7 años, Piaget indica que el niño empieza a asociar aquellos “dibujitos” con la realidad, al igual los egipcios con los jeroglíficos. Queda sobreentendido que estas relaciones que el niño realiza aún no estriban en su concreción, es decir, la palabra. Más bien, dicho contacto crea simbologías que el infante acerva de forma universal. Ejemplificando el caso, el niño que entiende visualmente que el perro tiene cola, va a cuestionar si todos los animales con cola son perros, pero cuando se enfrenta a la tarea de distinguir una serie de animales con cola es cuando surge en él la necesidad de aprender y utilizar las palabras.

El viaje que se realiza desde gaguear hasta materializar la realidad por medio de la palabra deja evidenciada la espontaneidad con la que se adquiere la lengua. Dicha espontaneidad, a su vez, fue y es juzgada de forma constante para fijar expresiones generales que puedan emplearse por todos. Una de las entidades que se encarga de esto esla Real Academia de la Lengua Española, institución que procura la regularización de un español estándar. No obstante, la segregación entre los cultismos y los vulgarismos ya estaba dispuesta antes de formarse los dialectos que hoy conocemos con la llegada de los musulmanes a la península ibérica, por lo tanto, debe afirmarse que con los niveles de lengua se buscaba un fin político y clasista. La parte positiva de todo esto es que tal iniciativa permite comprender las acepciones que tiene una lengua en sus variantes sociales y por ende, se logra un sustrato que unifica cada forma de expresión para sintetizar las expresiones. 

Siempre hay varias opciones para hacer algo, pero la sociedad nos indica una forma específica de actuar que se presenta como una manera unificada y organizada de lograr fines sociales. ¿Será esto sinónimo de control? Sea cual sea la causa, sin lugar a dudas a los hispanohablantes les cuesta acomodarse a la normativa culta que promueve la RAE. Por ejemplo, no hace mucho realizaron un cambio en el que “Mala palabra” ya no sería el término adecuado para referirse a las palabras ofensivas, sino “Palabro”, vocablo que con dificultad se adaptaría al habla de las personas. 

Gracias a las tantas variaciones dialectales que existen, surgen los estudios sociolingüísticos. Estos estudian las características sociales que influyen en el empleo de una lengua, y no tan sólo eso, sino que avala y protege la naturalidad con que un pueblo adopta expresiones. En República Dominicana, palabras como “josear”, “agallú”, “mojiganga”, “papear”, “morisqueta”, entre otras, son expresiones que se han inventado sin permiso de la RAE. Otras palabras ya existentes se han vulgarizado como “asorao”, que viene de “azorar”, o “chapear”, cuya definición es la de limpiar la tierra de malas hierbas y malezas con el machete, mientras que los dominicanos definen así a las mujeres que hacen cualquier cosa por dinero. A pesar de esto, la sociolingüística ha favorecido que se apadrinen algunas concepciones con la aclaración de que forman parte de los coloquialismos como “guasap” y “wasap”. 

En conclusión, no hablamos mal. Se debe educar para emplear las palabras según su contexto respetando la autonomía del habla, así como la sociolingüística ha respetado el carácter convencional y natural de la lengua. El nuevo modelo de enseñanza de la Lengua Española tiene como enfoque que las personas aprendan el uso adecuado de las expresiones según el ámbito en el que se encuentren, sin privarles de su léxico habitual, ya que un pueblo no está compuesto por lingüistas ni gramáticos, sino por hablantes donde un “klk” y un “¿cómo estás?” comparten el mismo significado, pero el “klk” será válido siempre y cuando se utilice en el entorno adecuado. 



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