Filosofía de la amistad por Cristal Pérez

Preguntas filosóficas sobre la amistad

La-amistad-desde-una-perspectiva-filosófica
El valor de la amistad filosofia

Por Cristal Pérez Tapia

Siempre nos sentimos solos teniendo amigos. Todos los años no queda exactamente igual el recuadro cuasi familiar que tenemos con aquellas personas antes nombradas, que de algún modo u otro, comprometen su camino al nuestro; lo que visualizamos de la vida, nuestro concepción y deseos se consuman físicamente en una persona que nos complemente tales prioridades, mentimos cuando creemos conformarnos con nosotros mismos para sentirnos completos, como seres meramente sociales, tenemos necesidades que subyacen adyacente a los demás, todos tienen una definición distinta acerca de lo que se pueda ser la amistad.

¿Y si esa palabra no existe?

O simplemente es una sujeción mental con otra persona por un periodo finito en base a nuestra experiencia.

Cuando vemos a alguien como amigo, sentimos un compromiso que quizás la otra persona siente menos o más, es la otra parte de nosotros que débilmente se alza a llenar los espacios amortiguados de la vida, esa persona es un “yo” que llega hoy, mañana o pasado para proteger aquella parte de ti que aún necesita un empujón…

Monetariamente, moralmente y hasta espiritualmente. Hay quienes clasifican a estas personas en situaciones específicas de acuerdo a sus rendimientos. Están los que siempre buscamos para hacernos reír, quienes sabemos que dan buenos consejos en un momento difícil, con los que sentimos un nivel de confianza tan alto que sólo acudimos a su escucha aunque no nos comprendan…

No importa qué parte te estén ofreciendo, ciertamente y aunque no queramos, debemos aportar algo para que fluya y ese pequeño o gran trato donado cree la dicha fidelidad que supone una amistad.

Lamentablemente, las personas son fugaces, no tan sólo por el hecho de morir sino por sus limitaciones, en algún momento quien te hace reír o quien te sabe escuchar no estará por alguna situación que  necesariamente no depende de una ruptura amistosa, sino del cambio del tiempo y ambientes que traicionan hasta la más fuerte relación, es entonces, cuando muchos deciden continuar en búsqueda de nuevas vidas a las qué sujetarse, pero así como muchas personas se van, las necesidades cambian, en ese apogeo aprendemos a adherirnos y a sustraer las semblanzas de aquello que creemos prescindir y de lo que no esperábamos, claro está, esa persona siempre dejará una huella que se reflejará en ti en alguna acción o conciencia referente a un contexto.

No son amigos, son humanos que han sabido observar y  han decidido donar algo a ti y a mi; mayormente, esas son las personas que no reconocemos ni validamos, porque simplemente las percibimos como convivencia momentánea para nuestros caprichos, o peor aún, nos encanta participar en su momento de gloria y tornamos al gris cuando se apaga esa luz física y materialista.

Saber aprovechar a esas personas y  saber devolver el afecto, es muestra de alimentar la condescendencia, no sólo mutua sino multitudinaria, pues, mientras se da y se recibe, más ahínco se tiene en multiplicar la bondad, cuando nos acomodamos a recibir sin un compás de atención hacia al otro, no llames a esa persona amigo, llámalo favor de la vida.


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